Amarillo es una especie de prima social mía.

Es parte de la familia que uno va creando.
Ella vino a la ciudad a estudiar unos años; mientras conseguía algo donde quedarse, durmió en mi casa.
Amarillo escuchaba con paciencia ardiente cada uno de los discos que componen mi estantería musical. Mi última discografía no se caracteriza por ser muy popular, por el contrario, es música rock, trata solamente de grupos nuevos, sin difusión radial y, para colmo, mayoritariamente de bandas cuyas integrantes son mujeres. Nada es casual, son parte de mis pasos que pronto se irán descubriendo.
Ella una vez me dio su impresión al respecto. Lo interesante, no una opinión exclusivamente musical. Una opinión que me dijo muchas cosas del rock hecho por mujeres; de cómo escuchamos ese tipo de música; de cómo las escuchan. Un día escuchábamos a una de estas bandas y dice: ‘estas minas deben ser todas gordas, chicas (de tamaño), de pelo corto, vestidas de negro, con pulseras y collares con puntas de plata y…’, mi risa no la dejó terminar. ‘¿Qué me dices?’ – Le digo –, ‘¿cómo te las imaginas?’. Vuelve a repetir Amarillo una descripción más o menos parecida a la primera. Yo, guardo mi perplejidad.
Otro día estábamos en casa con mi amiga Luciana y le cuento la anterior anécdota. Amarillo, que estaba presente, se despacha nuevamente su descripción. Luciana no aguanta la duda y le consulta que cómo se imagina a la cantante de otra banda de rockeras que se escuchan mucho estos días por mi casa. ‘Y… más o menos baja, con el pelo corto (negro su color, pero teñido, nos aclara), gorda, con pulseras plateadas…’. La risa de Luciana a esa altura era incontenible. Mi sorpresa, mayor.
Una maravilla lo que nos describía Amarillo. Era nada más ni nada menos la forma cómo ella se figuraba los sonidos que escuchaba de estas bandas de mujeres. Una maravilla de la percepción, vuelvo a decir. ¿Por qué? Mi masculino gusto no podía más que sorprenderse ante la descripción de alguien que por primera vez escuchaba a estas bandas. Claro, principalmente porque la idea de reproducción corporal que

generaban la música de
Estoy Konfundida, para el primer caso, y la cantante de
OvejaS, para el segundo, era diferente a cómo ellas se ven cotidianamente. ¿Por qué Amarillo hizo estas asociaciones? ¿Qué
significa el rock hecho por mujeres? (‘significa’ lo escribí en
cursivas para darle la connotación de
qué sentido tiene para el otro).
(Ufas. Las primeras apreciaciones claras y certeras que me permiten seguir explorando acerca del rock hecho por mujeres. Se complica el asunto, aunque son las primeras líneas tangibles de un derrotero en curso.)
‘Una chica que va al frente’. Tal cual, así, sin más ni menos palabras era la presentación que un domingo de finales de 2006 realizó el suplemento
Radar del diario página 12 respecto al nuevo disco de
Rosario Bléfari. ¿Por qué una mujer que hace rock ‘va al frente’? ¿Es rara por hacer esto? ¿Cómo esperamos que sean las mujeres?
‘Estamos orgullosas de tocar acá, porque nos estamos haciendo cargo de vivir de una forma diferente’. Previo en el tiempo, al asunto del párrafo previo, la baterista de OvejaS dijo esta frase durante la inauguración oficial del sitio web de
Mil Rockeras. Arbitrariamente, si pudiese hacer una operación matemática entre lo que decía el diario y lo que dijo esta música, claramente el resultado literario que obtendría es: ‘sí, estas minas que hacen rock son raras’. ¿Por qué son raras?

Ufas. – ¿La primera hipótesis? –
Paula Maffía una vez me dijo, ‘la diferencia está en que no es común que hayan bandas de hombres
matrocinadas por mujeres; por el contrario, si es común que hayan bandas de mujeres
patrocinadas por hombres’. ¿
Matrocionio? Hm., a ver. Las líneas que siguen están huecas si no se observa la altura de las expresiones citadas de la rockera Paula: La exposición de una mujer en un contexto público, en sí es una cosa rara; si esta exposición, más encima, se da en un ámbito cultural donde el sentido del hombre es predominante, ¡más raro es aún! (la redacción agradece las puteadas, silbatinas y comentarios que la anterior idea haya generado en el trasfondo de los ojos lectores).
¡Puchas que son raras estas minas!
En una animada conversación electrónica que mantuve una vez con una rockera, discutíamos acerca del eje cultural que se mueve temporalmente cada vez que uno ve tocar en vivo a una banda de – o con – integrantes mujeres. ¿La segunda pata hipotética? Hm. ¿Serías capaz, tú que lees esto, de figurarte a tu madre rockeando cuando ves a una de estas bandas tocando en el escenario? Ahora bien, piensa que tienes o que vas a tener una hija. A ella, ¿te la imaginarías haciendo rock cuando ves tocar a estas músicas? (otra vez, se agradecen las puteadas).
El rock hecho por mujeres, ¡mueve!
Oye Amarillo. ¿Y qué me dices de Guadalupe? (bajista de
Cruel Nocturna, a quien mi prima conoce personalmente). ‘No po’h, si ella es bonita. A ella la conozco’.

Representaciones o figuraciones. Creo que por ahí viene esta mano.
Próximamente, nuevas entregas.
Los nombres de las personajes – no músicas – utilizados en esta historia, así como las circunstancias cuasi descritas, han sido modificados para resguardar la identidad y privacidad de las verdaderas protagonistas. Cualquier semejanza con la realidad es mera coincidencia. Y si no te gusta, cámbiales los nombres de nuevo e invéntate otra historia más linda. Atentamente, la redacción.