martes, 7 de agosto de 2007

Aborto de Bruja


Cuando éramos chicos teníamos en el colegio un ritual entre extraño, martirizante y pseudo homosexual: el aborto de bruja. Cada vez que alguno de nosotros cumplía años, el resto de los compañeros atacaban al festejado agarrándolo de las cuatro extremidades, elevándolo del suelo, dejándolo totalmente inmovilizado y abierto como una cruz. Luego se hacían filas y por turnos, simulando continuas penetraciones, pasaba uno por uno para festejar al cumpleañero. Sumado a esto, siempre alguno las oficiaba de médico brujo y metía la mano en la entrepierna del agasajado hasta que los chillidos obligaban a detenerse en medio de un mar de risas. Aunque parezca extraño, nos divertíamos bastante haciendo este jueguito. Nunca supe por qué del nombre del ritual; es más, una buena banda de rock del colegio tenía ese nombre. Obvio, estudié en un colegio de hombres; en el más tradicional del país.
El aborto siempre nos ha llamado la atención a los hombres y siempre hemos negado su existencia a través de juegos como éste. Un niño de bien jamás permitiría que su noviecita abortara hablándole del respeto, su cuerpo y los valores familiares; un niño de bien aconsejaría a su ocasional damisela a abortar hablándole del respeto, su cuerpo y los valores familiares. Es chistoso cómo somos de felices y simples en nuestros juicios cuando tenemos la confianza existencial que del pecado social más grande de nuestras latitudes somos inocentes debido a nuestra coartada biológica: nosotros, no hacemos guaguas, sólo las ponemos. ¿Qué fácil, no?
‘Ya pues mi amor qué es tan rico’- ‘es que hoy no puedo’ - ‘bueno, no importa, otro día entonces’ - ‘ay, es que…bueno, una vez no pasa nada, ¿quién sabe? Dame besos mejor, ah, qué rico sigamos no más’. Y claro, ¿quién no vivió una situación como esta? Hacer el amor, coger, tirar, culiar, ponerla, recibirla, curtir o como usted quiera llamarlo, debe ser junto a dormir, cagar y comer una de las cosas más maravillosas de nuestra vida. Pienso que cuando un Ser Humano no está en plenas condiciones de efectuar cualquiera de estos actos, nuestra especie en conjunto está fallando en algún punto. Que no podamos culiar con absoluta tranquilidad, sin pensar en sus consecuencias, restringiendo nuestro placer previo, en y posterior a, sólo habla de que en nuestro contexto actual algo falla o viene fallando: somos inocentes y ellas culpables.
Una amiga me dijo que una de las peores cosas que puede sucederle a una mujer es abortar. ‘¿Cómo saberlo?’ – pensé – ‘si soy inocente’ – seguí pensando. Mi inocencia, nuestra hermosa inocencia masculina. Somos inocentes de tu decisión, de nuestra decisión, de tu daño psíquico, físico, laboral y sexual. El placer es nuestro y es tan nuestro que podemos divertirnos desde niños haciendo rituales jactándonos de nuestra condición de machos. El placer es nuestra inherente condición masculina. La culpabilidad es tu inherente condición femenina.
Esta situación no es justa ni en versa ni en viceversa; al fin y al cabo los reprimidos que nos entretenemos mirando cuerpos desnudos en la televisión y masturbándonos leyendo revistas ocultos en el baño somos mayormente nosotros. Somos enfermos y responsables de nuestra enfermedad. ¿Contra quién luchamos cuando pedimos igualdad de derechos o la legalización del aborto? Nada más ni nada menos que contra nosotros y nuestra reprimida forma de vivir la vida.

Hablarte mostro me interesa dos mocos
Sin embargo
Aborto legal
Educación sexual en colegios, casa, trabajo, medios y publicidad
Distribución gratuita de anticonceptivos
A culiar felices
Comiendo perdices…
continuará...