- No sé lo que hay allá
- ¿Y tú?
- No, a mí no me dejan ir
- Mi mamá dijo que es peligroso
- ¿Vamo?
- ¿Cómo weón?
- Agarramos las bicis, nos llevamo unos sánguches y vamo a cazar bichos.
- Es que no me dejan.
- Ya po’h Pepe, si vamo y volvemo, nadie tiene por qué saber.
- Sí, sí. No pasa nada, yo una vez fui pa’allá con Don Julio, su señora y otros cabros. Hay una casa gigante con caballos, vacas y cualquier perro. Hay una pirámide de barro donde hacen ladrillos; llegai a una calle grande, no pá’ ná’, ya po’h cabros, ¿vamo o no vamo?
Nunca fuimos ‘todos’: un domingo se nos cruzó el Maxi, un cabro más grande que vive a dos cuadras de mi casa. Lo vimos mientras jugábamos a la pelota en la cancha de la esquina:
- Buena cabros, ¿cómo andan?
- Acá andamo, ¿jugai?
- No, es muy fome.
- Ah. ¿Y qué queri entonces?
- Vine a mirar un rato pa’cachar quién estaba por acá, voy pa’l bosque.
“Voy pa’l bosque”, cómo retumbó eso…
- ¿Quieren venir? Voy con otros locos.
¡A chucha! Nos miramos:
- No voy, sabis que no me dejan.
- En un rato me voy pa’la casa.
- Todavía no hice las tareas.
- Si no va el Pepe yo no voy.
- ¿Tu vai Toño?
- Solo no po’h. ¿Vamo Lucho?
- Vamo loco…
Y partimos.
“Nunca vengas por acá que por este camino violaron a una niñita”. (No te preocupes mamá, voy con otros cabros y tampoco sé lo que es violar, nada me va a pasar)
Estoy a seis cuadras de mi casa: negar las reglas y escribir mi propio cuento; divertido.
De repente, Maxi se detuvo y nos dijo:
- Ya cabros, por acá podemo pasar.
- ¿Pa’ dónde queris pasar?
- Pa’ allá po’h. ¿Cachai el hoyo que deja la acequia debajo de la reja? No' arrastramo por abajo y entramo.
- ¿Al club? ¿Estai loco?
…fui el primero en pasar.
Nunca había entrado al club; su bosque de eucaliptos se imponía verde y frondoso. Pensé en todas las veces que vi bailar a ese grupo de árboles con los ojos pegados a la ventana de mi casa. Mi casa mira ese bosque. Cada vez que llueve o hay temporal de mal tiempo, el viento sopla con tanta fuerza que ese bosque se inclina pesadamente de un costado a otro, yendo y viniendo de izquierda a derecha, bailando.
- Uh, ¡cacha la piscina!
- ¡Qué bacán loco!
- ¡Está terrible de cochina la weá!
- Claro po’h aweona’o, la limpian pa’l verano.
- ¿Y qué hay pa’allá?
- ¿Seguimo?
- Ya po’h.
- ¡Ey!, ¿con quién andan?
Un viejo con bigote, de traje azul, nos preguntó.
- Con unos tíos. – dijimos inocentes –
- ¿A sí? ¿Dónde están sus tíos? – preguntó de nuevo –
- Por allá, por las canchas. – inocentes –
- ¿Cómo se llaman? – ¡pesado! –
- Eh…. ¡Chupa el pico viejo culia’o! … ¡Aprieten cachete cabros! – sin inocencia –
Corrimos desaforados por la ruta contraria desde donde vinimos. Ni miramos para ver si nos seguían.
- ¡Por acá, por acá!
- ¡Atrás de las ligustrinas!
- ¡Tírense al suelo!
Nos escondimos detrás de las plantas que rodean la cancha de fútbol. Esperamos un rato; se vino la noche y el frío.
Maxi dio la voz de mando:
- Ya cabros, parece que no pasa nada. ¿Vamo?
- ¿Sabís por dónde es?
- Calma’o. Yo cacho que es pa’allá.
De nuevo el viejo de bigote; esta vez nos grita:
- ¡Alto ahí!
Estoy a seis cuadras de mi casa: negar las reglas y escribir mi propio cuento; divertido.
De repente, Maxi se detuvo y nos dijo:
- Ya cabros, por acá podemo pasar.
- ¿Pa’ dónde queris pasar?
- Pa’ allá po’h. ¿Cachai el hoyo que deja la acequia debajo de la reja? No' arrastramo por abajo y entramo.
- ¿Al club? ¿Estai loco?
…fui el primero en pasar.
Nunca había entrado al club; su bosque de eucaliptos se imponía verde y frondoso. Pensé en todas las veces que vi bailar a ese grupo de árboles con los ojos pegados a la ventana de mi casa. Mi casa mira ese bosque. Cada vez que llueve o hay temporal de mal tiempo, el viento sopla con tanta fuerza que ese bosque se inclina pesadamente de un costado a otro, yendo y viniendo de izquierda a derecha, bailando.- Uh, ¡cacha la piscina!
- ¡Qué bacán loco!
- ¡Está terrible de cochina la weá!
- Claro po’h aweona’o, la limpian pa’l verano.
- ¿Y qué hay pa’allá?
- ¿Seguimo?
- Ya po’h.
- ¡Ey!, ¿con quién andan?
Un viejo con bigote, de traje azul, nos preguntó.
- Con unos tíos. – dijimos inocentes –
- ¿A sí? ¿Dónde están sus tíos? – preguntó de nuevo –
- Por allá, por las canchas. – inocentes –
- ¿Cómo se llaman? – ¡pesado! –
- Eh…. ¡Chupa el pico viejo culia’o! … ¡Aprieten cachete cabros! – sin inocencia –
Corrimos desaforados por la ruta contraria desde donde vinimos. Ni miramos para ver si nos seguían.
- ¡Por acá, por acá!
- ¡Atrás de las ligustrinas!
- ¡Tírense al suelo!
Nos escondimos detrás de las plantas que rodean la cancha de fútbol. Esperamos un rato; se vino la noche y el frío.
Maxi dio la voz de mando:
- Ya cabros, parece que no pasa nada. ¿Vamo?
- ¿Sabís por dónde es?
- Calma’o. Yo cacho que es pa’allá.
De nuevo el viejo de bigote; esta vez nos grita:
- ¡Alto ahí!
Nos asustamos. Escapamos de nuevo.
- ¡Corre weón!
- ¡Pa’allá cabros!
- ¡Viejo culia’o!
Nos seguían; escuchamos los gritos de otros viejos con bigote; corrimos, sólo corrimos. ¡Pum!
- ¿Qué chucha fue eso?
- ¡Un balazo weón, un balazo! ¡Sigan corriendo cabros!
- ¡Allá está la reja!
De cabeza nos tiramos al cruce de la acequia con la reja, me rasguñé toda una pierna tratando de pasar lo más rápido posible; salimos todos; sucios de pies a cabeza, asustados.
Caminamos un poco y vimos a muchos de nuestros vecinos: algún cabro contó donde estábamos. Nos buscaban. Tanta cuática pensé; debe ser serio desaparecer de tu casa cuando se es cabro chico.
- ¡¿Dónde estaban cabros weones?! Pensamos que les había pasado algo. Ya íbamos a llamar a los pacos.
Dentro del grupo de vecinos veo mi mamá; su cara me lo dice todo; espero un cachetazo. Sin embargo, me tomó fuerte de la mano y comenzamos a caminar hacia casa en silencio. Llegamos y veo a mi papá, esperando que yo viniera por otro lado. Miró a mi mamá; tampoco dijo nada. De la mano de ella llegué a mi pieza; vi en el reloj que sólo eran las 21.30 de ese domingo; me puso el pijama con su cara seria, sin decirme nada; esperó que me acostara, apagó la luz y cerró la puerta. Ahí quedé yo, sin saber qué mierda pasó ese día con ‘Los artilleros del espacio’; nunca supe por qué tanta cuática.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario