martes, 14 de octubre de 2008

Americano colombiano

Américo Vespucio.
Caballero con nombre de avenida importante.
Más que una vía urbana en realidad, Américo Vespucio fue un ser humano; navegante italiano que vivió entre 1454 y 1512. Claro, más o menos unos 500 años atrás.
Este caballero nacido en Florencia y muerto en Sevilla, dedicó su vida a la navegación bajo los servicios de la corona portuguesa en primera instancia y luego, como el trabajo se pagaba mejor “del otro lado” al parecer, trabajó para la corona del reino de Castilla (y olé!).
Como muchos otros, cruzó el atlántico en busca de riquezas, mejor vida y una próspera existencia; recorrió el caribe y el cono sur (ni lerdo tampoco). Hizo seis viajes en dirección a nuestro continente (le gustó bastante la onda de este lado al parecer) donde entre muchas otras gracias dio cuenta del Río Iordam a 34 – 35 grados de latitud sur, conocido también como Río de Solís, aunque mejor dejémoslo para los amigos como Río de la Plata, incluyendo el delta del Tigre en la conjunción de los ríos Uruguay y Paraná. También se “rumorea” que nuestro Américo habría estado ad portas de la boca oriental del afamado estrecho cuyo apellido otorgó el navegante Magallanes un par de años más tarde. Sin entrar en polémicas con el afable Hernando, está claro que el aventurero Vespucio debe haber descubierto o señalado un sinnúmero de lugares (una huevada pensando que estaba todo el terreno llano de lógicas “europeo – soberanas”), pero la idea era signar algo más cercano a nuestro horizonte.
Ahora bien, ¿y qué mierda me importa Vespucio?
La gracia central de este mozalbete es que él, además de navegante fue un avezado cartógrafo campeón del mapamundi. Desde esta condición, Américo fue el primero en avivarse que las tierras que el sandio de Cristóbal Colón insistía decir eran las Indias o un pasaje a Oriente o una tontera similar, en realidad correspondían a un nuevo continente.
Martin Waldseemüller, que no era centro delantero del Shalke 04 en 1976, fue un cartógrafo alemán que en 1507 dibujó el globo terráqueo asignándole a ese gran nuevo pedazo de tierra ya no el nombre de Terra Incognita o Indias sino que América en honor al bueno de Américo. Si uno fuese más hincha pelotas podríamos alegar desde la semiótica que América se construyó como enunciado hace 501 años y que lo emitió… ¡¡un alemán!!
Pero no tiene sentido.
La cosa es esa, vivimos en América porque Américo dio cuenta de esta nueva tierra y nos dicen americanos como gentilicio derivado del nombre que pensaron los padres de Vespucio para su hijo. Chiste fácil es decir “menos mal que no se llamó Concha Vespucio” o “Paja Vespucio” o quién sabe cuánta tontera más que menos mal nunca nos dirán como alias que aluda a nuestro común origen.

Una voltereta mágica nos llevará hacia las antípodas (bah, es bueno polemizar). Cristóbal Colón (que no es una avenida ni tampoco el nombre de una empresa de ómnibus) fue el descubridor de América. Igual raro, porque América se llamó después de su venida y no fue su idea llamarla así; raro porque, por ejemplo, que la tierra es redonda era algo ya sabido desde hace mucho, pero igual se achaca esta “brillantez” o a los helénicos o a los europeos renacentistas; raro porque siguiendo la anterior lógica, el bonachón de Cristóbal sólo debiese ser una anécdota histórica. Pero no, él estaba del lado de los buenos y los buenos se encargaron de enrostrarle al mundo que gracias a una empresa de ellos, ahora estamos nosotros (no sé por qué se me acaba de ocurrir otro buen ejemplo de materialismo histórico a mi colección). En fin.
Creo que por lo que vengo contando es que América es América y no Colombia. “Concedimos que tú la descubriste, pero la burrada no es gratis así que no llevará tu nombre”.
Suena divertido pensar al revés. Imaginemos que Cristóbal se hubiese despabilado y que por ese pequeño gesto ahora el continente se llamase COLOMBIA y que nosotros fuésemos colombianos, y que el equipo más grande de México sea el Colombia o que los diablos rojos cafeteros sean el Colombia de Cali. “Ey nena, qué lindos tus pantalones colombianinos”. Es medio raro, pero chistoso imaginar a GW hablar del “Colombian Dream” o de “la mansa cagadita que dejaron nuestros servicios colombianos el 11-S”. ¿Estará bien el Plan – América para luchar contra el narcotráfico?
Pensando en que Schwarzenegger podría haber sido “Rey Colombia” o James Brown popularizado “Livin’n Colombia”, la verdad es que millones de estupideces más se nos podrían ocurrir. La cosa es que por Vespucio, que se llamaba Américo, nos dicen americanos y ya está.



Saludos a mis amigos colombianos fuera y dentro de Colombia.
Fuerza y resistencia.

Saludos América.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Pastilla para la memoria

Hace tiempo que no estaba en esta fecha en la ciudad. 7 años para ser exactos.
Dos cosas relevantes pasaron entre medio: se murió el perro y dejó de ser día feriado. Aclaro de inmediato que ambos eventos no son vinculantes; siendo el segundo de ellos un gesto en favor de la “reconciliación nacional”.

Fue raro caminar al mediodía de ayer en dirección al trabajo justamente por la calle que lleva por nombre la conmemoración de aquel nefasto día pensando en las miles de acciones ciudadanas que podríamos hacer para intervenir las aproximadamente 15 cuadras de extensión que posee aquella arteria.

Uno se acuerda de las chiquillas feministas que venían llegando del exilio en los ochenta, y que a pesar del toque de queda, los seguimientos, y tantas otras cuestiones más, se encaramaban en todos, y cada uno de los carteles que demarcaban el nombre de esa calle para pintarlos o pegarles el nombre del Presidente asesinado el día que anunciaban los letreros. De vez en cuando las agarraban los policías y las pateaban hasta no más poder. Pero ellas iban, una y otra vez. Sin miedo.

Pienso también en el espíritu ciudadano que rodeó el debate a partir de la prohibición de la “Pastilla del día después” hace poco tiempo en el país. Lo más paradojal es que la reforma que autorizaba su entrega gratuita en los servicios de salud públicos (lo cual nos hacía de un día para otro el país “más avanzado en temas de derechos ciudadanos” de la región) provino del poder ejecutivo y la objeción a esa medida provino de otro organismo del Estado fortalecido hace un par de años atrás por la misma coalición gobernante. Cosas del mundo.

Luego de la prohibición, las muchachas y los muchachos se juntaron para marchar como hace mucho tiempo no se veía por estos lados. Todos contra aquella ignominia que desconocía nuestros derechos reproductivos en cuanto personas. Eso ocurrió hace cuatro meses más o menos.

Bonito.

Pero al final uno cree que todos estos gestos son como cuando los arrepentidos van a la iglesia, se golpean el pecho, rezan dos aves marías y se van a su casa a dormir tranquilos confiados en ser redimidos por el santísimo.

¿Por qué?

Y de repente se me cruzan nuevamente las chiquillas de los ochenta, que hoy son nuestras madres, y nosotros, los obsecuentes, que dejamos de lado la desobediencia y la insolencia a cambio de la legalidad que ya sacó de la palestra el tema “de la pastilla” y permite que todo siga “como si nada”. Y los hombres y mujeres con acceso a determinados insumos, ¿por qué no venden igual el fármaco? ¿Por qué no hacemos farmacias clandestinas y nosotros mismos las atendemos y las cuidamos? A mi me contaron que a la marcha fueron cerca de 25.000 personas. Bastantes como para sumarse a la iniciativa. ¿A qué le tenemos miedo?
(Ojalá que estas farmacias existan y yo no me haya ni enterado)

La inflexión en el proceso de maduración del país ocurrió ya hace 35 años. Íbamos para un lado que, más allá de utopías o descreimiento frente a éstas, sin lugar a dudas sería muy distinto al que actualmente vivimos y tenemos. No quiero pensar y descansar en que “eso fue hace mucho tiempo y las cosas son como las que tenemos y así hay que aceptarlas”…¡¡Ni Cagando!! Tampoco propondré designarme como un superhéroe capaz de cambiar lo que no nos gusta. Nada más, hoy día tuve ganas de contar que la historia fue alterada y cambiada por una banda de inhumanos y su jefe: un perro asesino y destetado.

Lo que hoy vemos no debería estar sucediendo, sin embargo quedarnos en las lágrimas o en el olvido es el peor remedio. Si la cosa se intervino alguna vez, puede hacerse de nuevo. Y para mí, eso es la memoria. No el miedo a la legalidad.

Abrazos para las chiquillas de los ochenta.
Para que no se nos olvide, digo yo.

Pd. Pido infinitas disculpas a los amigos y amigas de los animales por el mal uso dado a la palabra “perro”.

miércoles, 13 de agosto de 2008

La Palabra

Jacinto Iturriaga me contó el otro día sobre su primo Eduardo Pinto.
Me dijo que cuando ellos eran chicos, salían mucho por su barrio a colgarse de los árboles, tocar timbres y arrancar, jugar a la pelota, jugar a la escondida, a la pinta (mancha); muchas veces las vecinas los corrieron porque ellos, a lanzarse bombitas de agua, salpicaban las ventanas de toda la cuadra.
Se rió mucho el Jacinto cuando me contó de esas cosas.
Yo me acordé instantáneamente cuando con mi primo Oscar tirábamos a mi primo Francisco (en ese entonces de nobles 2 añitos; su hermano) por las laderas del cerro, cercano a la casa de ellos, montado arriba de su coche de paseo. Chistoso. Nunca nos descubrieron y siempre nuestros padres se alegraban de nuestra disposición para “sacar a pasear al niño”. Menos mal que Francisco no guarda traumas ni recuerdos de esto, sino quién sabe desde dónde nos lanzaría ahora. Bah, igual es un buen chiquillo hoy en día.


Y así siguió Jacinto contándome de muchas cosas que ya alguna vez, creo, ya me había contado. Nos reímos harto. Es que hace rato no nos veíamos y los reencuentros tienen esas cosas bonitas y chispeantes.

miércoles, 6 de agosto de 2008

La Lengua

Así decía la propaganda de un partido demócrata de izquierda en un barrio pobre del cono sur:
“Para luchar contra el capital internacional y el abuso de la patronal hegemónica contra el proletariado...vote por nosotros”




Así decía la propaganda de un partido demócrata de derecha en un barrio pobre del cono sur:
“Estamos contra la delincuencia, la venta de pasta base, el alza de los precios y los arreglos entre políticos...vote por nosotros"

martes, 22 de julio de 2008

El Habla

- Antonio, ¿cómo se dice “pan de molde” acá?
- “Miga”, Doña.
- ¡Gracias mi hijito!
(Girando) Mozo, ¿el “pan de molde” es “miga” acá?



- Hola, ¿cuánto valen los caramelos?
- 10 centavos. Perdón señora, ¿es usted de Santiago?
- Si claro.
- Muy bonito, conozco hace mucho, linda zona. Yo nací cerca de Santiago pero ya hace unos años que vivo acá.
- Ah mire, ¿cuánto?
- Y unos 30 años. ¿Vive acá también?
- No, estoy de visita, vine a ver a mi hijo.
- Y claro, se extraña la familia. ¿Y cómo están las cosas por Santiago?
- Más o menos, pero vio como es esto de los políticos, a veces bien, a veces mal, las cosas están caras, pero bueno.
- Y sí. Así estamos en todos lados, se complica todo.
- Claro, es complicado siempre.
- ¿Y de qué parte de Santiago es usted?
- De La Florida
- ¿La Florida?, ¿dónde queda?
- Más o menos lejos del centro, yendo hacia el Sur al final del metro.
- ¿Metro? Oiga, ¿usted es de Santiago del Estero?
- No, soy de Santiago de Chile
- Ah, yo soy de Tucumán.



- Hola, disculpe, ¿dónde encuentro una barra para la ducha?
- ¿Barra para la ducha?
- Sí, de esas que se ponen de lado a lado para colgar la cortina.
- A ver, espera que soy nuevo acá. ¿Luis, conocés las “barras de ducha”?
- No, ¿qué es eso?
- Y acá el caballero pregunta.
- Y preguntale a Damián.
- Pará, Damián, ¿sabés de las “barras de ducha”?
- Ni idea chabón, ¿qué es?
- Disculpame, ¿qué decís?
- Pucha, las barras para la ducha, de esas que se cuelgan arriba de la tina y que sirven para poner la cortina del baño.
- A ver….
Tres empleados de una mega tienda, luego de 5 minutos de deliberación, a coro: ¡¡¡ah, el barral!!!

- Buenas
- Hola, ¿cómo le va? ¿me da medio de pan?
- Claro, ¿qué querés? ¿Milonguitas, figazitas, miñoncitos caseros, francés, pebetes, flautas…?
- (apuntando con el dedo) Ehhh, déme de ese.


- ¿A qué hora fue el paro?
- Y, a la hora pico más encima
- …..



- Hola, ¿cómo va?
- Bien, y acá.
- ¿Queris pito?
- …..



- Profesor, ¿puede dar un ejemplo de lo que dijo?
- Claro. Imaginen un estudio de una compañía de cigarrillos en el que fueron seleccionadas 50 personas. A cada una de ellas, en sus casas, se les pasaron 5 cajetillas de cigarrillos….
- Jajá
- ¿?


Pd. “Cajetilla” = “Pituco”

domingo, 29 de junio de 2008

Calles

Las grandes Alamedas se abrieron
gracias a la Providencia
son la continuación del Once de Septiembre
Sin sentido, ¿no?

viernes, 20 de junio de 2008

Sin Sentido (parte 1ra)

Una banda de rock emergente del otro país contó alguna vez una anécdota muy ilustrativa del Sin Sentido."Nos presentamos en la cárcel y dijimos desde el escenario que estábamos muy contentos de estar ahí. Entonces, alguien del público gritó: y si te gusta tanto, ¿por qué no te quedas?".
La otra noche junto a unos amigos discutimos de los impuestos, la redistribución del ingreso, la extrema pobreza, la corrupción, el hambre, la guerra, la democracia, la dictadura y la anarquía. Comimos pizza y tomamos cerveza. Afuera llovía. Quizás cuántos se mojaban.

viernes, 23 de mayo de 2008

Aborto de bruja (II parte)

Abortar tiene entre sus varios sinónimos los que siguen: malograr, frustrar, interrumpir, malograr, malparir y desaparecer.
Debe ser como esto último lo que sucede cuando una mujer toma la decisión de abortar: desaparece. Porque claro, es bien de mujeres esta cuestión (en el sentido amplio de lo que es ser mujer en este lado del mundo; qué suerte ser hombre en este momento).
Alguna vez me dijeron que la peor desgracia que puede acontecerle a una mujer es tomar la decisión de abortar: planificarlo, practicarlo, vivirlo y mejorarlo. Al parecer estás sola cuando te suceden estas cosas. Pasas a ser una culpa con pies; sientes que te miran, que te escupen y que tu cuerpo arde y te pica. Eso, todo el día.
Lo terrible, es que sigues sola también cuando ya lo hiciste; tu corazón y tu cuerpo te lo recordarán toda la vida también. Tal vez una mujer pueda embarazarse de nuevo una vez que abortó. Tal vez, luego del aborto, quedará con daños irreparables en su sistema reproductor que, incluso, le impidan pensar en ser madre.
Quizás, mientras abortó, se contagió de alguna enfermedad innombrable debido a los procedimientos precarios con los cuales fue hecha la intervención. En una de esas, tenía alergia a algún metal; o tuvo una reacción adversa a la anestesia; o generó un coágulo intrauterino; o no generó ninguna cuestión y terminó desangrándose. Acaso se infectó toda, pudo curarse, y ahora vive sin saber que cuando cumpla 50 años desarrollará cáncer.
Puedo seguir. Lo que debe quedar claro es que abortar es una mierda.


En el momento en que una persona se declara “pro-abortista”, no subyace en su declaración el placer de disfrutar en su imaginación las escenas posibles mencionadas anteriormente (o muchas otras). No se trata de personas sádicas alcanzando el máximo placer individual alentando una práctica de mierda. No.

Cuando uno dice, y es lo que digo, que está a favor de la no criminalización del aborto por parte del Estado, lo que estoy queriendo decir, aunque resulte paradójico, es que no estoy de acuerdo con toda la mierda que implica que una mujer aborte. El aborto debería ser parte de una práctica médica específica que permita salvaguardar la integridad moral, económica, laboral, social, física y sicológica de la mujer que lo practica. Supongo yo, y de ahí mi posición, esto se conseguiría eliminando de la práctica abortiva el rótulo de “delito”. ¿Por qué? Que el aborto sea un procedimiento de la medicina que no posea el carácter de “infracción a la ley”, aseguraría el acceso a una atención médica íntegra adecuada (sumar social, sicológica y asistencial) cuando una mujer decidiera practicarlo, protegiendo y acompañándola como persona en su decisión. Asimismo, permitiría que emergiera como tema en nuestra sociedad sacándolo de la simple dicotomía eclesiástica pecado / no pecado, en favor de comprender que el aborto es una situación compleja antecedida por otras circunstancias: no corresponde a un hecho aislado.

No siendo sancionado como un hacer punible, posibilitaría dar cuenta justamente de las circunstancias que le anteceden en diversos niveles de nuestra realidad. Uno de estos niveles corresponde a la Educación Sexual. Entendido el aborto como una práctica no punible, el carácter de este tipo de educación puede ser mucho más enriquecedor que comentar en una situación de aula que los hombres poseen pititos y las mujeres agujeritos. Imagino, siempre marcado por un periodo temporal adecuado para la instalación de un respectivo tema en una sociedad, que los contenidos de este tipo de materias podrían virar en el sentido de conocer nuestros propios cuerpos en pos de valorarnos como seres humanos (sin sentir culpa por ninguna consecuencia de nuestras actividades) y entender que podemos cuidarnos y querernos respetando las decisiones de otras personas con tal de hacer uso de una sexualidad plena, sea cual sea nuestra elección por ella.

Creo eso y me declaro a favor de la no criminalización del aborto por:
- protege la integridad de la mujer como persona
- posibilitaría el desarrollo de una sexualidad plena y segura entre las personas (y eso nos incluye a los hombres también)

Culiar, no es un pecado.



pd. Haga click en Aborto de Bruja parte I y léalo si quiere

martes, 13 de mayo de 2008

Pasión

Tribuna vacía, inserta en el estadio del parque que saluda a la independencia. De espaldas a la avenida, tras el arco visitante.

Sólo cantan pajaritos al compás del movimiento de los árboles que rodean esta cancha de la ciudad que siempre, dicen, estuvo cerca.

La pintura con los colores de la revolución, acompañan la soledad de la lectura.

Tribuna vacía, parque, arco, visitante, pajaritos, árboles, cancha, revolución, soledad y lectura. Al frente, donde cada domingo danzan los locales, un mural: "Y Dios al 7mo día, no descansó, vino a jugar a la lepra"...

sábado, 26 de abril de 2008

El "Problemita"

Viernes 14 de noviembre de 1997. Estamos todos, sentados en los pastos, escapándonos del calor y de las clases rodeando unas cervezas. Nuestro tema de conversación es indiviso: luego de largos 16 años nuestro seleccionado de fútbol podría volver a jugar un Mundial en caso de que el domingo ganemos el último partido de la serie clasificatoria.

Ignacio, Cristián, Severino, Leonel, Romualdo, Feliciano (el gordo) y yo, no parábamos de hablar, de pensar en el partido, de quién serían los goles. Más de algún soñador ya se veía embarcando rumbo a Europa para ver al equipo el día de su debut en el Mundial. Aquella tarde, como tantas otras, terminamos borrachos jugando fútbol y haciendo todos los goles que nuestro seleccionado requeriría para volver al escenario internacional.

El sábado 15 fue tan insignificante que nada de él recuerdo. Sólo quería que llegase el domingo. “Nuestro” día D.

El domingo temprano nos juntamos en la casa de Feliciano (el rubio); por suerte su casa quedaba cerca de la mía. Un gran asado nos esperaba. Comenzaron a llegar todos, los mismos del viernes y tantos otros. Algunos no fueron por cábala o porque querían presenciar el gran momento junto a sus familias o, tal vez, en la soledad más victoriosa. Para nosotros, la casa de Feliciano era una especie de amuleto, no recuerdo a nuestro seleccionado obteniendo malos resultados cada vez que vimos un partido allí.

El grupo estaba expectante; las botellas de cerveza y de pisco comenzaron a girar entre nosotros; alguien encendió un cohete; todo era alegría, todo era esperanza. Sólo “uno” no estaba presente: Severino; el único de los amigo que ese día fue al estadio; el único de los amigos que ese día….

1, 2 ,3 fueron nuestros goles; no entendíamos nada; lo entendíamos todo: el año siguiente jugaríamos el Mundial de Fútbol; “jugaríamos”, no lo veríamos. Todo era euforia, la gente en las calles agitaba banderas; destapaban champañas; alguien trajo un auto y comenzamos el desfile. Todos los amigos hicimos un periplo por la ciudad tocando bocinas, parando en una y cada una de las botillerías que encontrábamos a nuestro paso; estábamos felices, todos estábamos felices.

Nos comunicamos con aquellos que no habían ido a la casa de Feliciano. Acordamos reunirnos en la plaza de siempre cerca de las 21 horas. Ya llevábamos cerca de 8 horas jugando aquel partido; nuestros seleccionados sólo habían jugado 90 minutos de aquellas horas.

Llegaron todos. No parábamos de abrazarnos, cada uno hablando de lo que creía pertinente para aquella situación de fiesta. Sólo uno de nosotros, eso sí, acaparaba nuestra atención, el único que había sido testigo presencial del triunfo.

Severino estaba rojo; todo el día expuesto al sol de aquella tarde primaveral lo tenían convertido en un tomate. Ya desde las 9 de la mañana estaba en función del partido; cerca del mediodía estuvo en el estadio; esperó sentado en las gradas bajo los rayos solares cerca de 5 horas; el partido, los goles; más horas encerrado festejando hasta que nos encontramos. No paraba de hablar; parecía que teníamos presente al relator deportivo más arrebatado de todos, pero acelerado por 100. Todos estábamos borrachos.

El día, la extenuante jornada previa a un día laboral, hizo que muchos y muchas de las personas presentes comenzaran a retirarse del lugar. Sólo quedamos Romualdo, Ignacio, Severino y yo. Cruzamos la vereda y entramos a un bar. Las celebraciones sobre las mesas de Ignacio al parecer no gustaron mucho a los dueños del lugar quienes amablemente nos invitaron a retirarnos. Ya era muy tarde y el grupo original terminó transformándose en un dueto: Severino y yo.

Comenzamos a caminar, ya cerca de la 1 de la madrugada del lunes 18, por la Avenida en dirección a los bares más cercanos a la casa de Severino (vecino y habitué de la zona; ya habíamos acordado que por la lejanía de mi morada, esa noche dormiría en su casa). Entramos al único local que aun permanecía abierto, al único donde sus parroquianos seguían encumbrando la fiesta para que se hiciera eterna y nos escucharan en todo el mundo: ¡Vamos al Mundial!

2 de la mañana y el bar las “Alergias de la Espada” explotaba. Severino, eso sí, duerme apoyado en una mesa; el día entero expuesto al sol, las vivencias del partido, los litros de cerveza y pisco, junto a las más de 50 veces que esa noche cantó y bailó la canción “Torero” de los “Maravillosos Pontiacs”, lo habían terminado por tumbar. Duerme placentero mientras yo sigo prendido a la fiesta. Hasta que….

Cerca de 20 policías ingresan al lugar. Alguna gente corre, otra queda estupefacta y otros siguen bailando. La fuerza represiva comienza a detener a bailarines, borrachines, hinchas y comensales: una redada. Miro a Severino y lo despierto: “los pacos hueón, quédate tranquilo al lado mío que ya te echaron el ojo”. Nos levantamos, lo tomo del hombro y comenzamos a caminar en dirección a la puerta (la casa de mi amigo quedaba sólo a dos cuadras de aquel lugar); ya nos sentíamos libres a medio metro del umbral cuando saliendo de no sé dónde, una negra mano enguantada jala de la camisa a Severino: un policía “me lo sacó de las manos” y lo arrastró detenido.

Incrédulo ante las dos camionetas, los tres autos, el camión “celular”, las 6 motos y los vehículos civiles de apoyo que componían la comitiva represiva, miro la escena desde la vereda. Una noche de fiesta y alegría se iba yendo dentro del camión policial.

Las discusiones con aquellos sub humanos vestidos de verde fueron vanas; opté por la solución menos problemática: “¿Dónde lo llevan?”


1 hora después, estoy frente a la puerta de la casa de Severino. ¿Qué mierda decir? ¿Se acordarán de mí? ¿Toco el timbre? ¿Grito? Después de tocar el timbre, Inés, la madre de Severino observa dormida desde su ventana. Me decido: “hola, tía, esteeee…..hay un problemita”. No sé cómo habrá hecho, pero en menos de 5 segundos estaba en la puerta preguntándome por la suerte de su hijo. Me invitó a pasar, me sentó en la cocina, me sirvió una taza de café y me hizo un sánguche de queso con jamón, “qué buena onda la señora” pensaba. Bajó el padre de Severino, de nombre Antonio, como yo, vistiéndose apurado.
Cerré y abrí los ojos cuando caí en cuenta que estábamos arriba de un auto, el padre manejaba en dirección a la comisaría donde estaba Severino. Un calor terrible se sentía al interior del coche. Por suerte, Antonio, abrió las ventanas para que entrara un poco de brisa. Llegamos, los padres pagaron la fianza y me dijeron: “bueno, en cuatro horas más lo liberan, ¿no quieres dormir en nuestra casa así lo esperas y descansas?”. “Qué buena onda”, seguía pensando.

No sé cómo llegamos, pero de pronto eran las 10 de la mañana y yo dormía en la cama de Severino. Me levanto, voy a la cocina y ahí lo veo a mi amigo. Me contó de sus peripecias en el calabozo y, para mi sorpresa, no dejó de reírse de todo lo que sus padres le dijeron habían hecho durante la noche para ayudarme a despabilar de mi borrachera: problemitas, sánguche, café, ventana y cama.

“Qué suerte que no me agarraron a mí”, pensaba mientras iba en la micro camino a mi casa.

miércoles, 16 de abril de 2008

Pican los mosquitos

Camino zigzagueante por la orilla del río. Está nublado y el humo saliendo de mi boca me cuenta del frío calando mis huesos. Voy en dirección a la zona del mercado, tras una sopa de mariscos caliente y un buen vaso de vino blanco.
En la entrada del lugar asisten los mismos borrachos de siempre, las mismas viejas con las bolsas de compras, los mismos mocosos sin dientes ayudando a cargar los paquetes de esas viejas, el mismo ciego cantando la misma canción de Manzanero; los mismos olores, los mismos colores. Mi frío comenzó a cerrarse a medida que mi apetito comenzó abrirse.
Ingreso al lugar. Observo su centro multicolor y las cocinerías que le rodean. Me dirijo a una de ellas; me siento y espero que me atiendan. La veo.
Saliendo desde la cocina, veo caminar entre las mesas, en dirección hacia mí, un dulce sanguchito de lomo y mostaza: minifalda corta invitando a ver muslos, rellenos y macizos; cintura ajustada marcando caderas; escote gritándome que observara dos hermosos volcanes candecentes coronando un cuello clamoroso de mis dientes. Una boca, una húmeda ricurita, labios carnosos; labios deseosos...
-¿Qué se va servirse?
-Algo caliente
- ¿Ta'chistosito?
- No, no. ¿Me trae un mariscal con una caña de blanco?
- ¿algo más?
- Eso no más, por el momento.
Gira y veo su espalda. Imagino desnudar esos glúteos sustanciosos y danzarines, despojarlos de sus ropas y ocuparlos con mis manos. Mi frío en desmedro de mi apetito. Mi apetito en desmedro de mi calentura.
Veo que camina hasta la entrada de la cocina, regresa sobre sus pasos y se sienta, frente a mi, en un banco alto pegado a la barra del local. Me ignora mientras sigo observándola. Sus piernas cruzadas, su mirada altanera, sus piernas yendo y viniendo, mostrándome indiscretamente la conjunción seductora de sus muslos. Carnes blancas juntándose y abriéndose. La deseo; quiero penetrar por ese pequeño espacio que me deja ver su forma de sentarse. Me imagino apretándola, tomándola de imprevisto, apoyándola con fuerza sobre la barra, abriendo sus piernas y mascándonos cada una de nuestras expuestas partes.
Veo sus piernas, que se cruzan y se abren desde la barra. Pienso cómo entrar. Por un instante, me despojo de mi humanidad y me imagino mosquito.
Me veo volar sobre los borrachos, los ciegos, las viejas y los mocosos; llego al centro multicolor rodeado de cocinerías; con hambre, sed y frío. Buscando sangre caliente huelo cada centímetro del lugar hasta que la encuentro. Una mujer, vestida con una falda corta sentada en un banco alto de la barra, con las piernas cruzadas y levemente abiertas. Siento su olor, su sangre. Vuelo raudo hacia esa abertura pequeña entre sus muslos, ingreso a ella bajo la oscuridad de su falda. Comienzo a olerla, rodearla con mis alas, palpando suavemente cada espacio de su piel blanca. Me deslizo bajo su blusa; arrastrando mi lengua por su ombligo, llego a besar sus pechos; los muerdo, los mastico; llego a su cuello, suavemente soplo cada uno de sus poros; giro tras su oreja en dirección a la espalda: comienzo a descender con mi cabeza invertida chupando cada uno de los rincones de ella; llego hasta el fin de esa llanura, hasta sus nalgas; estoy maravillado con aquel durazno maduro que me sale al encuentro; comienzo a mascar y a mascar aquella fruta carnosa y jugosa mientras siento como el dulce sabor de su cuerpo comienza a invadir el mío, dándome calor, calor, calor....
- ¿Señor?...¡señor!
- ¿si?
- ¿le retiro el plato?
- eh, sí, claro, ¿cuánto le debo?

Salgo de ahí, ya no tengo ni hambre ni frío. Antes, me despido. Intento besar una mejilla, pero me ignoran. Prendo un pucho y vuelvo a cruzarme con el peculiar paisaje en dirección a la salida. Camino hacia el río. Un mosquito vuela cerca mío.

sábado, 29 de marzo de 2008

El día del Poto

Todo comenzó hace una semana. Una historia singular; una extravagante generalidad deductiva, sin dudas. Una cadena de hechos que me llevaron a estar aquella mañana de rodillas frente al inodoro, maldiciendo a todos y a todas las paridas del mundo. Soportando un deseo irrefrenable de estar sentado, no arrodillado, mientras sacaba y sacaba agua desde su interior.

Los hechos que me pusieron en aquella incómoda posición, comenzaron a desarrollarse la noche del pasado lunes cuando Celia se dio cuenta que la comida de la gata Calispea se había acabado.

Calispea es la gata de Santos, quien es novio de Celia y, a su vez, muy amigo mío. Hoy en día, Calispea está ocasionalmente al cuidado de Celia y Santos vive en mi casa debido a una historia que no viene al caso contar.

Aquella noche, Celia salió hacia el supermercado del barrio dispuesta a comprar alimento balanceado para Calispea. Sin ser experta, compró el primer alimento que tuvo a la mano y que le pareció de precio razonable: 'Wiskacho'.

Al regresar a su casa, sirvió una porción de alimento en el plato de Calispea. La gata se acercó, husmeó, olió y ...

A la siguiente mañana, Celia descubrió que la gata se había intoxicado levemente con aquel producto alimenticio. Pequeños rastros de vómitos se desperdigaban por todo su departamento. Asustada, telefoneó a Santos, quien le recomendó no continuar dándole esa comida a Calispea.
El día miércoles, luego de visitar a Celia, Santos regresó a mi departamento y trajo consigo la bolsa sobrante de 'Wiskacho' para dárselo a Romana, mi gata. Me contó la historia, pero ambos supusimos que el problema estribó en la edad de Calispea y no en la calidad del alimento que consumió.

La mañana del jueves, la comida de Romana se acabó y decido darle del alimento que trajo Santos: en menos de 1 minuto la gata comenzó a vomitar. Estuvo todo aquel día descompuesta del estómago. Durmiendo y vomitando. Mientras yo debía ir al trabajo, Santos quedó a su cuidado.

Cuando regresé a mi casa, Santos me contó una historia apocalíptica de vómitos y descomposturas felinas que le obligaron a limpiar con servilletas muchos lugares de la casa; en su desesperación, lanzó el cúmulo de desperdicios, hechos una bola compacta, al inodoro: '¡El baño está tapado!' me dijo. Una gota fría, muy fría, comenzó a caer por mi sien. Mis deseos, consecuentes al periodo ulterior a mi larga jornada laboral, debieron ser reprimidos.

'No te preocupes, conseguí un líquido especial para destapar inodoros. Eso sí, no puedes ocupar el baño hasta la noche. Debes esperar que el producto surta efecto'. Recordé mi clase de natación, pensando que tal vez ayudaría a mi sistema digestivo a estar en paz hasta cerca de las 23.... la gota fría de mi sien volvió a su lugar. Sólo era cosa de esperar.


A mi regreso de la piscina observo incrédulo el interior del inodoro. Estaba solo. Santos, el muy...., esa noche dormiría en casa de Celia.

Un olor penetrante, cítrico y cáustico emergía del interior de mi baño. 'Plomero líquido' decía el envase que contenía originalmente aquel olor. Sus instrucciones indicaban enjuagarlo con agua caliente, esperar y tirar la cadena. Voy hacia la cocina, cojo una olla llena de agua caliente, regreso y me dispongo frente al inodoro, lanzo en su interior el contenido, espero dos minutos ("dos minutos"), tiro la cadena. Atónito veo como toda el agua comenzó a subir, a subir, y a subir. 'Sigue tapada esta mierda', pensé mientras la maldita gota fría volvía a recordar por mi sien mis necesidades digestivas.

Tomé una decisión irracional: vacié con ira el contenido restante de aquel 'plomero líquido', cerré la puerta y me fui a dormir para olvidar, esperando despertar la mañana del viernes con el baño en perfecto estado.

Desaliñado y en calzoncillos, recién levantado, estoy nuevamente frente al inodoro evidenciando que ese líquido de porquería no había conseguido nada. Todo estaba igual a la noche anterior. La única diferencia era que, a 15 horas de comenzado el 'incidente', mi sistema excretor completo estaba comprometido. No aguantaba más.

Semi desnudo pensaba, corriendo las legañas de mis ojos, en Celia, su decisión de comprar 'Wiskacho', en la pobre de Calispea, en cómo ese alimento llegó a mi casa, en el absurdo razonar mío y de Santos, en las consecuencias gástricas en Romana, en el impulso irracional de mi amigo en lanzar un tapón de papel al inodoro, en mi candidez al confiar en aquel 'Plomero líquido', en mis 'ganas'. Finalmente, la desesperación me hizo coger un balde; colocarme unos guantes y lanzarme de cabeza al interior del inodoro para extraer de él todo sobrante de agua.

Una cadena de hechos que me llevaron a estar aquella mañana de rodillas frente al inodoro, maldiciendo a todos y a todas las paridas del mundo. Soportando un deseo irrefrenable de estar sentado, no arrodillado, mientras sacaba y sacaba agua desde su interior.

Lo sequé; fui al lugar de las herramientas, tomé el alicate, corrí al baño y desarmé la estructura del inodoro. Lo volteé; miré el exacto lugar donde yacían los trozos de papel que habían formado el tapón que impedía su uso. Exultante introduje mi mano derecha en aquel sitio, agarré ese cúmulo y lo arrojé dentro de una bolsa plástica. Regresé el inodoro a su posición original, tiré la cadena, comprobé con dicha que el agua corría y fluía sin extraviar su rumbo, con la libertad propia de los pájaros en la cordillera. Levanté la basura, aseguré nuevamente los tornillos del inodoro a la base de la cerámica y, como un niño que regresa a los brazos de sus padres, me bajé los calzoncillos, di media vuelta y observé mi cara frente al espejo, mientras descendía al trono triunfal, tan feliz como hace mucho no la había visto.

viernes, 7 de marzo de 2008

Día internacional de la mujer

Para que nunca más te regalen flores por este día....


1857 - 08 de Marzo - 2008

lunes, 4 de febrero de 2008

Amores de verano

El calor debe ser. La ropa que uno lleva. Eso de andar medio en pelotas, con las patas libres, poleras sin mangas, ‘chores’ bien cortos. No importan los horarios; da lo mismo acostarse tarde aún cuando haya que levantarse temprano. Tampoco tenemos ‘cañas’ (resacas) o son más dóciles que en otros momentos. Uno está contento.
Pienso que uno contento está más sensible a recibir más alegrías y de atraerlas hacia uno. Tal vez por eso cuando uno está de vacaciones, más en verano (¿puede ser?), nos pasa que nos enamoramos. Enamoramos y nos enamoran. Conocemos a alguien; nos reímos con esa persona; hablas como si nunca hubieses hablado con nadie sobre nada; no importa nada y quedan todos nuestros prejuicios fuera de ubicación. Tenemos pequeñas cosas que nos quedan; ¡si hasta canciones nos quedamos!. Tiene música cuando nos pasa. Es un rayo que hace ZAS!; cambias hasta la forma de mirar, de dormir y comer.
Donde vas comentas a tus amigos y amigas que conociste a alguien. Es que en las vacaciones (seguimos en el verano en todo caso) uno se traslada mucho más que cuando trabajamos. Recorremos ciudades, lugares, campos, mares, ríos, montañas. Entonces ‘la’ persona se nos va quedando atrás en el lugar donde ‘la’ conocimos. Con ella nuestras historias, nuestras comidas, nuestras ‘habladas’, nuestras dormidas. Queremos traer a la persona todo el tiempo para que pueda seguir el camino donde estamos. Por eso escuchamos todo el tiempo 'la canción del verano' y le contamos a todos de nuestro cuento. Para que las caras tengan palabras y las palabras adquieran sentido para no extrañarnos, para no extrañarte.