Abortar tiene entre sus varios sinónimos los que siguen: malograr, frustrar, interrumpir, malograr, malparir y desaparecer.
Debe ser como esto último lo que sucede cuando una mujer toma la decisión de abortar: desaparece. Porque claro, es bien de mujeres esta cuestión (en el sentido amplio de lo que es ser mujer en este lado del mundo; qué suerte ser hombre en este momento).
Alguna vez me dijeron que la peor desgracia que puede acontecerle a una mujer es tomar la decisión de abortar: planificarlo, practicarlo, vivirlo y mejorarlo. Al parecer estás sola cuando te suceden estas cosas. Pasas a ser una culpa con pies; sientes que te miran, que te escupen y que tu cuerpo arde y te pica. Eso, todo el día.
Lo terrible, es que sigues sola también cuando ya lo hiciste; tu corazón y tu cuerpo te lo recordarán toda la vida también. Tal vez una mujer pueda embarazarse de nuevo una vez que abortó. Tal vez, luego del aborto, quedará con daños irreparables en su sistema reproductor que, incluso, le impidan pensar en ser madre.
Quizás, mientras abortó, se contagió de alguna enfermedad innombrable debido a los procedimientos precarios con los cuales fue hecha la intervención. En una de esas, tenía alergia a algún metal; o tuvo una reacción adversa a la anestesia; o generó un coágulo intrauterino; o no generó ninguna cuestión y terminó desangrándose. Acaso se infectó toda, pudo curarse, y ahora vive sin saber que cuando cumpla 50 años desarrollará cáncer.
Puedo seguir. Lo que debe quedar claro es que abortar es una mierda.
Debe ser como esto último lo que sucede cuando una mujer toma la decisión de abortar: desaparece. Porque claro, es bien de mujeres esta cuestión (en el sentido amplio de lo que es ser mujer en este lado del mundo; qué suerte ser hombre en este momento).
Alguna vez me dijeron que la peor desgracia que puede acontecerle a una mujer es tomar la decisión de abortar: planificarlo, practicarlo, vivirlo y mejorarlo. Al parecer estás sola cuando te suceden estas cosas. Pasas a ser una culpa con pies; sientes que te miran, que te escupen y que tu cuerpo arde y te pica. Eso, todo el día.
Lo terrible, es que sigues sola también cuando ya lo hiciste; tu corazón y tu cuerpo te lo recordarán toda la vida también. Tal vez una mujer pueda embarazarse de nuevo una vez que abortó. Tal vez, luego del aborto, quedará con daños irreparables en su sistema reproductor que, incluso, le impidan pensar en ser madre.
Quizás, mientras abortó, se contagió de alguna enfermedad innombrable debido a los procedimientos precarios con los cuales fue hecha la intervención. En una de esas, tenía alergia a algún metal; o tuvo una reacción adversa a la anestesia; o generó un coágulo intrauterino; o no generó ninguna cuestión y terminó desangrándose. Acaso se infectó toda, pudo curarse, y ahora vive sin saber que cuando cumpla 50 años desarrollará cáncer.
Puedo seguir. Lo que debe quedar claro es que abortar es una mierda.

En el momento en que una persona se declara “pro-abortista”, no subyace en su declaración el placer de disfrutar en su imaginación las escenas posibles mencionadas anteriormente (o muchas otras). No se trata de personas sádicas alcanzando el máximo placer individual alentando una práctica de mierda. No.
Cuando uno dice, y es lo que digo, que está a favor de la no criminalización del aborto por parte del Estado, lo que estoy queriendo decir, aunque resulte paradójico, es que no estoy de acuerdo con toda la mierda que implica que una mujer aborte. El aborto debería ser parte de una práctica médica específica que permita salvaguardar la integridad moral, económica, laboral, social, física y sicológica de la mujer que lo practica. Supongo yo, y de ahí mi posición, esto se conseguiría eliminando de la práctica abortiva el rótulo de “delito”. ¿Por qué? Que el aborto sea un procedimiento de la medicina que no posea el carácter de “infracción a la ley”, aseguraría el acceso a una atención médica íntegra adecuada (sumar social, sicológica y asistencial) cuando una mujer decidiera practicarlo, protegiendo y acompañándola como persona en su decisión. Asimismo, permitiría que emergiera como tema en nuestra sociedad sacándolo de la simple dicotomía eclesiástica pecado / no pecado, en favor de comprender que el aborto es una situación compleja antecedida por otras circunstancias: no corresponde a un hecho aislado.
No siendo sancionado como un hacer punible, posibilitaría dar cuenta justamente de las circunstancias que le anteceden en diversos niveles de nuestra realidad. Uno de estos niveles corresponde a la Educación Sexual. Entendido el aborto como una práctica no punible, el carácter de este tipo de educación puede ser mucho más enriquecedor que comentar en una situación de aula que los hombres poseen pititos y las mujeres agujeritos. Imagino, siempre marcado por un periodo temporal adecuado para la instalación de un respectivo tema en una sociedad, que los contenidos de este tipo de materias podrían virar en el sentido de conocer nuestros propios cuerpos en pos de valorarnos como seres humanos (sin sentir culpa por ninguna consecuencia de nuestras actividades) y entender que podemos cuidarnos y querernos respetando las decisiones de otras personas con tal de hacer uso de una sexualidad plena, sea cual sea nuestra elección por ella.
Creo eso y me declaro a favor de la no criminalización del aborto por:
- protege la integridad de la mujer como persona
- posibilitaría el desarrollo de una sexualidad plena y segura entre las personas (y eso nos incluye a los hombres también)
Culiar, no es un pecado.
pd. Haga click en Aborto de Bruja parte I y léalo si quiere
