miércoles, 13 de agosto de 2008

La Palabra

Jacinto Iturriaga me contó el otro día sobre su primo Eduardo Pinto.
Me dijo que cuando ellos eran chicos, salían mucho por su barrio a colgarse de los árboles, tocar timbres y arrancar, jugar a la pelota, jugar a la escondida, a la pinta (mancha); muchas veces las vecinas los corrieron porque ellos, a lanzarse bombitas de agua, salpicaban las ventanas de toda la cuadra.
Se rió mucho el Jacinto cuando me contó de esas cosas.
Yo me acordé instantáneamente cuando con mi primo Oscar tirábamos a mi primo Francisco (en ese entonces de nobles 2 añitos; su hermano) por las laderas del cerro, cercano a la casa de ellos, montado arriba de su coche de paseo. Chistoso. Nunca nos descubrieron y siempre nuestros padres se alegraban de nuestra disposición para “sacar a pasear al niño”. Menos mal que Francisco no guarda traumas ni recuerdos de esto, sino quién sabe desde dónde nos lanzaría ahora. Bah, igual es un buen chiquillo hoy en día.


Y así siguió Jacinto contándome de muchas cosas que ya alguna vez, creo, ya me había contado. Nos reímos harto. Es que hace rato no nos veíamos y los reencuentros tienen esas cosas bonitas y chispeantes.

1 comentario:

Anónimo dijo...

me golpeó la foto, Dios mio, que impresión.
El paso del tiempo es una cosa de locos.
Te esperamos
J