martes, 14 de octubre de 2008

Americano colombiano

Américo Vespucio.
Caballero con nombre de avenida importante.
Más que una vía urbana en realidad, Américo Vespucio fue un ser humano; navegante italiano que vivió entre 1454 y 1512. Claro, más o menos unos 500 años atrás.
Este caballero nacido en Florencia y muerto en Sevilla, dedicó su vida a la navegación bajo los servicios de la corona portuguesa en primera instancia y luego, como el trabajo se pagaba mejor “del otro lado” al parecer, trabajó para la corona del reino de Castilla (y olé!).
Como muchos otros, cruzó el atlántico en busca de riquezas, mejor vida y una próspera existencia; recorrió el caribe y el cono sur (ni lerdo tampoco). Hizo seis viajes en dirección a nuestro continente (le gustó bastante la onda de este lado al parecer) donde entre muchas otras gracias dio cuenta del Río Iordam a 34 – 35 grados de latitud sur, conocido también como Río de Solís, aunque mejor dejémoslo para los amigos como Río de la Plata, incluyendo el delta del Tigre en la conjunción de los ríos Uruguay y Paraná. También se “rumorea” que nuestro Américo habría estado ad portas de la boca oriental del afamado estrecho cuyo apellido otorgó el navegante Magallanes un par de años más tarde. Sin entrar en polémicas con el afable Hernando, está claro que el aventurero Vespucio debe haber descubierto o señalado un sinnúmero de lugares (una huevada pensando que estaba todo el terreno llano de lógicas “europeo – soberanas”), pero la idea era signar algo más cercano a nuestro horizonte.
Ahora bien, ¿y qué mierda me importa Vespucio?
La gracia central de este mozalbete es que él, además de navegante fue un avezado cartógrafo campeón del mapamundi. Desde esta condición, Américo fue el primero en avivarse que las tierras que el sandio de Cristóbal Colón insistía decir eran las Indias o un pasaje a Oriente o una tontera similar, en realidad correspondían a un nuevo continente.
Martin Waldseemüller, que no era centro delantero del Shalke 04 en 1976, fue un cartógrafo alemán que en 1507 dibujó el globo terráqueo asignándole a ese gran nuevo pedazo de tierra ya no el nombre de Terra Incognita o Indias sino que América en honor al bueno de Américo. Si uno fuese más hincha pelotas podríamos alegar desde la semiótica que América se construyó como enunciado hace 501 años y que lo emitió… ¡¡un alemán!!
Pero no tiene sentido.
La cosa es esa, vivimos en América porque Américo dio cuenta de esta nueva tierra y nos dicen americanos como gentilicio derivado del nombre que pensaron los padres de Vespucio para su hijo. Chiste fácil es decir “menos mal que no se llamó Concha Vespucio” o “Paja Vespucio” o quién sabe cuánta tontera más que menos mal nunca nos dirán como alias que aluda a nuestro común origen.

Una voltereta mágica nos llevará hacia las antípodas (bah, es bueno polemizar). Cristóbal Colón (que no es una avenida ni tampoco el nombre de una empresa de ómnibus) fue el descubridor de América. Igual raro, porque América se llamó después de su venida y no fue su idea llamarla así; raro porque, por ejemplo, que la tierra es redonda era algo ya sabido desde hace mucho, pero igual se achaca esta “brillantez” o a los helénicos o a los europeos renacentistas; raro porque siguiendo la anterior lógica, el bonachón de Cristóbal sólo debiese ser una anécdota histórica. Pero no, él estaba del lado de los buenos y los buenos se encargaron de enrostrarle al mundo que gracias a una empresa de ellos, ahora estamos nosotros (no sé por qué se me acaba de ocurrir otro buen ejemplo de materialismo histórico a mi colección). En fin.
Creo que por lo que vengo contando es que América es América y no Colombia. “Concedimos que tú la descubriste, pero la burrada no es gratis así que no llevará tu nombre”.
Suena divertido pensar al revés. Imaginemos que Cristóbal se hubiese despabilado y que por ese pequeño gesto ahora el continente se llamase COLOMBIA y que nosotros fuésemos colombianos, y que el equipo más grande de México sea el Colombia o que los diablos rojos cafeteros sean el Colombia de Cali. “Ey nena, qué lindos tus pantalones colombianinos”. Es medio raro, pero chistoso imaginar a GW hablar del “Colombian Dream” o de “la mansa cagadita que dejaron nuestros servicios colombianos el 11-S”. ¿Estará bien el Plan – América para luchar contra el narcotráfico?
Pensando en que Schwarzenegger podría haber sido “Rey Colombia” o James Brown popularizado “Livin’n Colombia”, la verdad es que millones de estupideces más se nos podrían ocurrir. La cosa es que por Vespucio, que se llamaba Américo, nos dicen americanos y ya está.



Saludos a mis amigos colombianos fuera y dentro de Colombia.
Fuerza y resistencia.

Saludos América.