miércoles, 4 de marzo de 2009

La Crisis

En la mayoría de los casos, "la Crisis" alude a la repentina incapacidad monetaria de una persona para adquirir o consumir todos aquellos bienes que son prescindibles a su existencia.

La toma de créditos, la compra de propiedades, el pago de cuotas de un automóvil; equipos de música, ropa a la moda, viajes, salidas a restoranes, ir al estadio, asistir a un recital, pagar la cuenta del celular o de la TV por cable, el nuevo modelo de computadora, etc., son todos vínculos con bienes que de no importarnos, supongo yo, los problemas especulativos del mundo financiero nos darían lo mismo.

Y en verdad nos debería dar lo mismo.

Ahora bien, si a causa de este escenario no pudiésemos comer o cagar, ahí sí deberíamos preocuparnos. Es que eso sí que es grave.

Creo que alguien debe escribir sobre el deseo.

martes, 14 de octubre de 2008

Americano colombiano

Américo Vespucio.
Caballero con nombre de avenida importante.
Más que una vía urbana en realidad, Américo Vespucio fue un ser humano; navegante italiano que vivió entre 1454 y 1512. Claro, más o menos unos 500 años atrás.
Este caballero nacido en Florencia y muerto en Sevilla, dedicó su vida a la navegación bajo los servicios de la corona portuguesa en primera instancia y luego, como el trabajo se pagaba mejor “del otro lado” al parecer, trabajó para la corona del reino de Castilla (y olé!).
Como muchos otros, cruzó el atlántico en busca de riquezas, mejor vida y una próspera existencia; recorrió el caribe y el cono sur (ni lerdo tampoco). Hizo seis viajes en dirección a nuestro continente (le gustó bastante la onda de este lado al parecer) donde entre muchas otras gracias dio cuenta del Río Iordam a 34 – 35 grados de latitud sur, conocido también como Río de Solís, aunque mejor dejémoslo para los amigos como Río de la Plata, incluyendo el delta del Tigre en la conjunción de los ríos Uruguay y Paraná. También se “rumorea” que nuestro Américo habría estado ad portas de la boca oriental del afamado estrecho cuyo apellido otorgó el navegante Magallanes un par de años más tarde. Sin entrar en polémicas con el afable Hernando, está claro que el aventurero Vespucio debe haber descubierto o señalado un sinnúmero de lugares (una huevada pensando que estaba todo el terreno llano de lógicas “europeo – soberanas”), pero la idea era signar algo más cercano a nuestro horizonte.
Ahora bien, ¿y qué mierda me importa Vespucio?
La gracia central de este mozalbete es que él, además de navegante fue un avezado cartógrafo campeón del mapamundi. Desde esta condición, Américo fue el primero en avivarse que las tierras que el sandio de Cristóbal Colón insistía decir eran las Indias o un pasaje a Oriente o una tontera similar, en realidad correspondían a un nuevo continente.
Martin Waldseemüller, que no era centro delantero del Shalke 04 en 1976, fue un cartógrafo alemán que en 1507 dibujó el globo terráqueo asignándole a ese gran nuevo pedazo de tierra ya no el nombre de Terra Incognita o Indias sino que América en honor al bueno de Américo. Si uno fuese más hincha pelotas podríamos alegar desde la semiótica que América se construyó como enunciado hace 501 años y que lo emitió… ¡¡un alemán!!
Pero no tiene sentido.
La cosa es esa, vivimos en América porque Américo dio cuenta de esta nueva tierra y nos dicen americanos como gentilicio derivado del nombre que pensaron los padres de Vespucio para su hijo. Chiste fácil es decir “menos mal que no se llamó Concha Vespucio” o “Paja Vespucio” o quién sabe cuánta tontera más que menos mal nunca nos dirán como alias que aluda a nuestro común origen.

Una voltereta mágica nos llevará hacia las antípodas (bah, es bueno polemizar). Cristóbal Colón (que no es una avenida ni tampoco el nombre de una empresa de ómnibus) fue el descubridor de América. Igual raro, porque América se llamó después de su venida y no fue su idea llamarla así; raro porque, por ejemplo, que la tierra es redonda era algo ya sabido desde hace mucho, pero igual se achaca esta “brillantez” o a los helénicos o a los europeos renacentistas; raro porque siguiendo la anterior lógica, el bonachón de Cristóbal sólo debiese ser una anécdota histórica. Pero no, él estaba del lado de los buenos y los buenos se encargaron de enrostrarle al mundo que gracias a una empresa de ellos, ahora estamos nosotros (no sé por qué se me acaba de ocurrir otro buen ejemplo de materialismo histórico a mi colección). En fin.
Creo que por lo que vengo contando es que América es América y no Colombia. “Concedimos que tú la descubriste, pero la burrada no es gratis así que no llevará tu nombre”.
Suena divertido pensar al revés. Imaginemos que Cristóbal se hubiese despabilado y que por ese pequeño gesto ahora el continente se llamase COLOMBIA y que nosotros fuésemos colombianos, y que el equipo más grande de México sea el Colombia o que los diablos rojos cafeteros sean el Colombia de Cali. “Ey nena, qué lindos tus pantalones colombianinos”. Es medio raro, pero chistoso imaginar a GW hablar del “Colombian Dream” o de “la mansa cagadita que dejaron nuestros servicios colombianos el 11-S”. ¿Estará bien el Plan – América para luchar contra el narcotráfico?
Pensando en que Schwarzenegger podría haber sido “Rey Colombia” o James Brown popularizado “Livin’n Colombia”, la verdad es que millones de estupideces más se nos podrían ocurrir. La cosa es que por Vespucio, que se llamaba Américo, nos dicen americanos y ya está.



Saludos a mis amigos colombianos fuera y dentro de Colombia.
Fuerza y resistencia.

Saludos América.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Pastilla para la memoria

Hace tiempo que no estaba en esta fecha en la ciudad. 7 años para ser exactos.
Dos cosas relevantes pasaron entre medio: se murió el perro y dejó de ser día feriado. Aclaro de inmediato que ambos eventos no son vinculantes; siendo el segundo de ellos un gesto en favor de la “reconciliación nacional”.

Fue raro caminar al mediodía de ayer en dirección al trabajo justamente por la calle que lleva por nombre la conmemoración de aquel nefasto día pensando en las miles de acciones ciudadanas que podríamos hacer para intervenir las aproximadamente 15 cuadras de extensión que posee aquella arteria.

Uno se acuerda de las chiquillas feministas que venían llegando del exilio en los ochenta, y que a pesar del toque de queda, los seguimientos, y tantas otras cuestiones más, se encaramaban en todos, y cada uno de los carteles que demarcaban el nombre de esa calle para pintarlos o pegarles el nombre del Presidente asesinado el día que anunciaban los letreros. De vez en cuando las agarraban los policías y las pateaban hasta no más poder. Pero ellas iban, una y otra vez. Sin miedo.

Pienso también en el espíritu ciudadano que rodeó el debate a partir de la prohibición de la “Pastilla del día después” hace poco tiempo en el país. Lo más paradojal es que la reforma que autorizaba su entrega gratuita en los servicios de salud públicos (lo cual nos hacía de un día para otro el país “más avanzado en temas de derechos ciudadanos” de la región) provino del poder ejecutivo y la objeción a esa medida provino de otro organismo del Estado fortalecido hace un par de años atrás por la misma coalición gobernante. Cosas del mundo.

Luego de la prohibición, las muchachas y los muchachos se juntaron para marchar como hace mucho tiempo no se veía por estos lados. Todos contra aquella ignominia que desconocía nuestros derechos reproductivos en cuanto personas. Eso ocurrió hace cuatro meses más o menos.

Bonito.

Pero al final uno cree que todos estos gestos son como cuando los arrepentidos van a la iglesia, se golpean el pecho, rezan dos aves marías y se van a su casa a dormir tranquilos confiados en ser redimidos por el santísimo.

¿Por qué?

Y de repente se me cruzan nuevamente las chiquillas de los ochenta, que hoy son nuestras madres, y nosotros, los obsecuentes, que dejamos de lado la desobediencia y la insolencia a cambio de la legalidad que ya sacó de la palestra el tema “de la pastilla” y permite que todo siga “como si nada”. Y los hombres y mujeres con acceso a determinados insumos, ¿por qué no venden igual el fármaco? ¿Por qué no hacemos farmacias clandestinas y nosotros mismos las atendemos y las cuidamos? A mi me contaron que a la marcha fueron cerca de 25.000 personas. Bastantes como para sumarse a la iniciativa. ¿A qué le tenemos miedo?
(Ojalá que estas farmacias existan y yo no me haya ni enterado)

La inflexión en el proceso de maduración del país ocurrió ya hace 35 años. Íbamos para un lado que, más allá de utopías o descreimiento frente a éstas, sin lugar a dudas sería muy distinto al que actualmente vivimos y tenemos. No quiero pensar y descansar en que “eso fue hace mucho tiempo y las cosas son como las que tenemos y así hay que aceptarlas”…¡¡Ni Cagando!! Tampoco propondré designarme como un superhéroe capaz de cambiar lo que no nos gusta. Nada más, hoy día tuve ganas de contar que la historia fue alterada y cambiada por una banda de inhumanos y su jefe: un perro asesino y destetado.

Lo que hoy vemos no debería estar sucediendo, sin embargo quedarnos en las lágrimas o en el olvido es el peor remedio. Si la cosa se intervino alguna vez, puede hacerse de nuevo. Y para mí, eso es la memoria. No el miedo a la legalidad.

Abrazos para las chiquillas de los ochenta.
Para que no se nos olvide, digo yo.

Pd. Pido infinitas disculpas a los amigos y amigas de los animales por el mal uso dado a la palabra “perro”.

miércoles, 13 de agosto de 2008

La Palabra

Jacinto Iturriaga me contó el otro día sobre su primo Eduardo Pinto.
Me dijo que cuando ellos eran chicos, salían mucho por su barrio a colgarse de los árboles, tocar timbres y arrancar, jugar a la pelota, jugar a la escondida, a la pinta (mancha); muchas veces las vecinas los corrieron porque ellos, a lanzarse bombitas de agua, salpicaban las ventanas de toda la cuadra.
Se rió mucho el Jacinto cuando me contó de esas cosas.
Yo me acordé instantáneamente cuando con mi primo Oscar tirábamos a mi primo Francisco (en ese entonces de nobles 2 añitos; su hermano) por las laderas del cerro, cercano a la casa de ellos, montado arriba de su coche de paseo. Chistoso. Nunca nos descubrieron y siempre nuestros padres se alegraban de nuestra disposición para “sacar a pasear al niño”. Menos mal que Francisco no guarda traumas ni recuerdos de esto, sino quién sabe desde dónde nos lanzaría ahora. Bah, igual es un buen chiquillo hoy en día.


Y así siguió Jacinto contándome de muchas cosas que ya alguna vez, creo, ya me había contado. Nos reímos harto. Es que hace rato no nos veíamos y los reencuentros tienen esas cosas bonitas y chispeantes.

miércoles, 6 de agosto de 2008

La Lengua

Así decía la propaganda de un partido demócrata de izquierda en un barrio pobre del cono sur:
“Para luchar contra el capital internacional y el abuso de la patronal hegemónica contra el proletariado...vote por nosotros”




Así decía la propaganda de un partido demócrata de derecha en un barrio pobre del cono sur:
“Estamos contra la delincuencia, la venta de pasta base, el alza de los precios y los arreglos entre políticos...vote por nosotros"

martes, 22 de julio de 2008

El Habla

- Antonio, ¿cómo se dice “pan de molde” acá?
- “Miga”, Doña.
- ¡Gracias mi hijito!
(Girando) Mozo, ¿el “pan de molde” es “miga” acá?



- Hola, ¿cuánto valen los caramelos?
- 10 centavos. Perdón señora, ¿es usted de Santiago?
- Si claro.
- Muy bonito, conozco hace mucho, linda zona. Yo nací cerca de Santiago pero ya hace unos años que vivo acá.
- Ah mire, ¿cuánto?
- Y unos 30 años. ¿Vive acá también?
- No, estoy de visita, vine a ver a mi hijo.
- Y claro, se extraña la familia. ¿Y cómo están las cosas por Santiago?
- Más o menos, pero vio como es esto de los políticos, a veces bien, a veces mal, las cosas están caras, pero bueno.
- Y sí. Así estamos en todos lados, se complica todo.
- Claro, es complicado siempre.
- ¿Y de qué parte de Santiago es usted?
- De La Florida
- ¿La Florida?, ¿dónde queda?
- Más o menos lejos del centro, yendo hacia el Sur al final del metro.
- ¿Metro? Oiga, ¿usted es de Santiago del Estero?
- No, soy de Santiago de Chile
- Ah, yo soy de Tucumán.



- Hola, disculpe, ¿dónde encuentro una barra para la ducha?
- ¿Barra para la ducha?
- Sí, de esas que se ponen de lado a lado para colgar la cortina.
- A ver, espera que soy nuevo acá. ¿Luis, conocés las “barras de ducha”?
- No, ¿qué es eso?
- Y acá el caballero pregunta.
- Y preguntale a Damián.
- Pará, Damián, ¿sabés de las “barras de ducha”?
- Ni idea chabón, ¿qué es?
- Disculpame, ¿qué decís?
- Pucha, las barras para la ducha, de esas que se cuelgan arriba de la tina y que sirven para poner la cortina del baño.
- A ver….
Tres empleados de una mega tienda, luego de 5 minutos de deliberación, a coro: ¡¡¡ah, el barral!!!

- Buenas
- Hola, ¿cómo le va? ¿me da medio de pan?
- Claro, ¿qué querés? ¿Milonguitas, figazitas, miñoncitos caseros, francés, pebetes, flautas…?
- (apuntando con el dedo) Ehhh, déme de ese.


- ¿A qué hora fue el paro?
- Y, a la hora pico más encima
- …..



- Hola, ¿cómo va?
- Bien, y acá.
- ¿Queris pito?
- …..



- Profesor, ¿puede dar un ejemplo de lo que dijo?
- Claro. Imaginen un estudio de una compañía de cigarrillos en el que fueron seleccionadas 50 personas. A cada una de ellas, en sus casas, se les pasaron 5 cajetillas de cigarrillos….
- Jajá
- ¿?


Pd. “Cajetilla” = “Pituco”

domingo, 29 de junio de 2008

Calles

Las grandes Alamedas se abrieron
gracias a la Providencia
son la continuación del Once de Septiembre
Sin sentido, ¿no?